Esfuerzo académico boliviano - chileno

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El 2, 3 y 4 de septiembre tuvo lugar en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) el Seminario Internacional Perspectivas de la democracia en América Latina, que contó con la participación de académicos chilenos, bolivianos y una investigadora mexicana. Lo peculiar del encuentro, sin embargo, fue que la reflexión del tema se la hizo bajo el paraguas de un esfuerzo académico común boliviano-chileno.

El seminario en la UMSA fue la continuación de otro similar  efectuado en abril de este año en Iquique (Chile), organizado por la Universidad Arturo Prat, sobre Estado y Sociedad en América Latina, al que asistió la carrera de Sociología de la UMSA. Una integración académica que tiende a consolidarse en el futuro con la preparación de un encuentro mayor, acaso un “congreso”, pues todavía no tiene nombre, según nuestros entrevistados, que podría tener lugar en La Paz o Iquique.

De los 17 participantes en el seminario paceño, estaban programados 8 expositores chilenos, 8 bolivianos y una mexicana; aunque algunos del vecino país no pudieron llegar a la cita.

Y es que hay problemas, intereses y aspiraciones comunes. El seminario en Iquique trató sobre el pensamiento del orureño René Zavaleta Mercado. La intención, dice el sociólogo chileno Cristian Jamett Pizarro, es algo más que una mera iniciativa académica; fue como una ruptura de un tradicional chauvinismo:

“Fue en Iquique donde hicimos la primera versión de este encuentro chileno-boliviano, en homenaje a René Zavaleta Mercado, primer homenaje que se hace en Chile a René Zavaleta. ¿Por qué estudiantes de Sociología de Iquique no pueden conocer a René Zavaleta, considerado uno de los intelectuales más importantes de América Latina?” Por qué no ir, dice el académico contra la tradición del distanciamiento entre ambos países, contra “este sesgo nacionalista, chauvinista, que está produciendo una violencia simbólica contra nuestros estudiantes”.

Si bien nació como una iniciativa de la universidad norteña de Iquique, más cercana territorial, económica y culturalmente con Bolivia, el interés académico es de varias universidades chilenas: “el nivel de la intelectualidad boliviana es muy respetado internacionalmente, y eso ha despertado el interés de muchas universidades de Chile, no solamente del norte; tanto es así que estamos viendo las condiciones para el próximo año seguir con este ciclo chileno-boliviano y ver la posibilidad de generar un congreso, mucho más robusto, que pueda encontrar no solo a La Paz e Iquique, sino a representantes de las distintas regiones de Bolivia y de Chile, incluso pensando sumar a Perú. Creo que sería un hito académico, cultural, no menor”.

Al margen de la riqueza de otros temas, uno de los más recurrentes fueron los rasgos y situación de las democracias en ambos países.

Al margen del actual “sistema de partido predominante” en Bolivia (el gobierno del Movimiento Al Socialismo, MAS, desde hace 14 años), el fraccionamiento y debilidad de la oposición, del parteaguas en la hegemonía del MAS que significó su derrota en el referendo del 21F de 2016, y aparte del actual, “acelerado” proceso electoral hacia octubre, la socióloga cochabambina María Teresa Zegada hizo énfasis en la permanente presencia e intervención de la sociedad civil (como organizaciones sociales, gremios, empresarios, movimientos regionales, entre otros) en la vida política del país.

Lo que resulta inobjetable —dice Zegada— es la presencia de la sociedad en el campo político, sobre todo en momentos críticos, de grandes transformaciones sociales: por ejemplo, en la historia republicana, antes que liberales y conservadores, quienes marcaban la agenda política eran las rebeliones indígenas. Durante al etapa nacional-popular, tras la revolución del 52, estaba el protagonismo de la Central Obrera Boliviana, su enfrentamiento con las dictaduras; o durante la democracia liberal, cuando los partidos estaban en mejor situación, éstos también estaban fuertemente atados a clientelas con organizaciones sociales, con el empresariado, gremios, etc.

Y, claro, este mayor peso de la sociedad civil en la política se volvió a ver en los importantes cambios que hubo desde la crisis estatal de 2003.

Desde el lado chileno, al hablar de su país, el sociólogo Alexander Pérez Mora (actual secretario ejecutivo del Instituto de Investigación Andino de la Universidad Arturo Prat) caracteriza a la democracia chilena como elitista y con cierto rezago con respecto al desarrollo democrático en otros países de la región, Bolivia entre ellos.

“Nosotros nos caracterizamos, desde nuestro origen como república, por tener una democracia elitista. Sentimos y creemos que hay un retraso en la calidad de la democracia en Chile”, asevera.

Si bien hay otras democracias que igual son elitistas, allí por lo menos existe una relación entre el Estado y la sociedad civil mucho más horizontal y donde la participación es mucho más vinculante, a una escala más local, destaca Pérez Mora.

Todos tienen su tipo de democracia, afirma, “pero hay otras democracias, acá en la región, que son mucho más participativas, en este sentido nosotros no somos participativos, porque todavía hay enclaves autoritarios que no se han logrado eliminar de la Constitución”. Como ejemplo, Pérez Mora cita el enorme poder de su Tribunal Constitucional, una herencia de la Constitución, aún vigente, instaurada durante la dictadura de Augusto Pinochet. Es un Tribunal que fiscaliza las leyes. Un ejemplo: durante mucho tiempo el legislativo discutió el aborto, no libre sino con tres causales específicas; el parlamento llegó a un consenso y finalmente aprobó una ley; todos pensamos, dice, y es lo lógico, que ahí culminó el debate, que ya había una ley; “pero vino el Tribunal Constitucional, revisó el caso y objetó la ley. Es un resabio autoritario, conservador.  La constitución de ese tribunal es política, no es democrática, y tiene un poder increíble”. De ahí que llamen a este tribunal como la Tercera Cámara (sobre Diputados y Senado).

En lo relativo a los caminos democratizadores que habría en Chile, el sociólogo chileno previene sobre que no cabe esperar cambios radicales en este país, en el mejor de los casos, un desarrollo democrático en el marco de lo establecido. “No creo que en Chile estemos en una situación donde se vaya a transformar el modelo, creo que más bien hay un consenso sobre el tipo de modelo neoliberal, después de 40, 50 años que se ha aplicado en Chile; creo que para bien o para mal hay un consenso social. Ahora, no estamos hablando del modelo neoliberal a ultranza que se aplicó en el pasado; ha tenido transformaciones y creo que va tener más transformaciones, y se va ir avanzando a un modelo mucho más mixto, de seguridad social, pero ahí hay una lucha por la hegemonía en la sociedad civil, hay gente progresista, gente neoliberal que defiende el modelo. La esperanza sí va en perfeccionar la democracia”.

Otro paralelo que se pudo ver en la reflexión boliviano-chilena fue la realidad de los pueblos indígenas.

Al margen de la reiterada “presencia indígena” en Bolivia durante el gobierno del MAS, el sociólogo beniano Wilder Molina planteó el actual dilema en que se encuentran los pueblos indígenas en Beni sobre si asumir plenamente el derecho y las normas de convivencia que impone el Estado o si ahondar más en sus tradiciones y creencias más propias.

En estos momentos, dijo, se puede generar “un tipo de subordinación del derecho indígena hacia el derecho estatal, con lo cual entraríamos en la reducción de un pluralismo jurídico” o, desde el otro lado, acaso  los pueblos indígenas “estén generando estrategias que les permitan cerrar el paso a una incidencia mayor del derecho estatal para crear condiciones de la existencia más autónoma de sus sistemas normativos y, en esa medida, sin negar la presencia del derecho estatal y la necesidad de usarlo, generen un escenario de pluralismo jurídico fuerte, en el cual se mantenga los niveles de autonomía y de relación entre estos dos sistemas jurídicos”.

Desde el lado chileno, en cambio, y hablando de los mapuches, el mayor pueblo indígena de Chile, el antropólogo chileno Jorge Iván Vergara del Solar remarcó la por lo menos difícil situación en la que los originarios se encuentran con respecto al Estado chileno.

Siendo que los mapuches no habían sido conquistados o sometidos, conservando su territorio durante la colonia y buena parte de la república, la forma de su sujeción al Estado pasó de la ocupación militar de su territorio a privarles de sus fuentes de subsistencia. Pese a su arrinconamiento, el pueblo mapuche comenzó a reorganizarse y a demandar la devolución de sus territorios ancestrales, cosa que, afirma Vergara del Solar, es muy complicada. “Y ya no quieren solamente que les devuelvan las tierras, que le den crédito o becas de educación, lo que quieren es ser pueblo-nación nuevamente, quieren autonomía; entonces, ya la demanda tiene otro rango, y contra el Estado chileno va ser muy, pero muy difícil, quizás en 50 años, pero por ahora no tienen ninguna posibilidad, menos con los gobiernos que tenemos actualmente, de ninguna forma”.

Fecha de Publicación: 11 sep 2019
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